UN CUERPO EN CUARENTENA - MG. DIANA DÍAZ MORENO

Un cuerpo en cuarentena

Por: Mg. Diana Díaz Moreno

Estamos dentro de una casa, la misma casa de siempre pero quizás se siente distinta. Física y materialmente la casa sigue siendo la misma; sin embargo, algo ha cambiado. ¿Qué pasó para sentir diferente?, ¿cómo la estamos habitando?, ¿cómo estamos en nuestra propia casa?, ¿cómo se encuentra este dentro nuestro?, ¿cómo habitamos nuestro cuerpo?

El cuerpo es un lugar sagrado que alberga nuestra historia, nuestras emociones, nuestros pensamientos. ¿Y cómo está el cuerpo en esta situación?, el cuerpo que enferma, el cuerpo que defiende otros cuerpos en primera línea, el colapso del cuerpo expresado en aceleración cardiaca, falta de ganas de levantarse, cansancio, aburrimiento sin explicación, stress, problemas de sueño, ansiedad, fobias que surgen. El cuerpo que contagia a otros cuerpos, el cuerpo que vive, el cuerpo que muere, el cuerpo como peligro y en peligro. Parece que constantemente se reflexiona en torno a un cuerpo únicamente utilitario, como una máquina que debe solo funcionar, sin pausa.

Desde la antigüedad se conoce que el cuerpo afecta al alma y viceversa. Sin embargo, seguimos aún con la visión cartesiana de Descartes. Ver el cuerpo desde ahí, brinda una visión reduccionista de un cuerpo que sirve solo para diagnosticar, algo para arreglar. Poco a poco nos vamos dando cuenta de que nuestros paradigmas sobre la salud y muchos otros necesitan una renovación.

La salud no solo incluye un cuidado del cuerpo físico, sino una salud emocional ligada a este cuerpo. Toda salud proviene desde adentro y también desde nuestra manera de ver el mundo y nuestra manera de ver el mundo influye en nuestra salud y por tanto en nuestro cuerpo. Cualquier paso que nos ayude a asumir activamente nuestra curación, será un paso hacia el empoderamiento personal. Cuidar nuestra propia salud desde esta autoconciencia implica un mayor respeto a nuestra propia libertad y por tanto a un bienestar integral.

Vivimos en una sociedad donde recibimos todo tipo de estímulos. Desde antes del confinamiento, ya estábamos arrastrados por: una sociedad hiperestimulada, una inercia tecnológica, una inercia social. Continuar en este camino sería sinónimo de escapar de nosotros mismos o de los avisos que nos brinda nuestro cuerpo. Evitar el contacto real con aquellos avisos inconscientes manifestados corporalmente, es evitar un aviso de búsqueda de autocuración. Una maravillosa búsqueda de equilibrio interno que aparece cuando el cuerpo pide ser escuchado.

¿Qué mensaje del cuerpo estamos recibiendo?. El mensaje que comparte sobre todo es que el dolor es profundo, el dolor es del alma, que no hay transformación sin dolor y que, tal vez, el sabio cuerpo permite que el dolor le afecte en demasía para que podamos escucharlo. Habitar y​ transformar nuestra propia casa desde una visión consciente, una relación de afecto, cuidado, escucha con nuestro propio cuerpo permitirá que nuestra alma contribuya a habitarnos de manera distinta y por supuesto, habitar la sociedad de manera saludable.

Por: Mg. Diana Díaz Moreno